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Desde ese día quede impactado por su actitud tan despreocupada.
Pasaron varios días y no la volví a ver hasta que mi esposa y yo nos la encontramos con su marido en las escaleras.
Nosotros llegábamos de comprar algunas cosas para la despensa en el Wall-Mart, y ellos iban saliendo, pero iban discutiendo.
Pasaron muy rápido y no alcancé a escuchar bien lo que decían, pero algo distinguí acerca de que él la maltrataba. Dentro de mí sentí cierto grado de preocupación al pensar que la golpeaba.
Su esposo era de complexión media, un poco más alto que yo, moreno y de cabello corto.
Mi esposa empezó a desempacar las cosas y me dijo que había olvidado comprar cerillos.
Me miró con cara de ruego para que fuera a la tienda. Sin ganas, pero sintiendome obligado, salí del departamento.
Llegué a la tienda, y al entrar me topé con ella.
-Hola -La saludé como si no me hubiera dado cuenta del pleito.
-Hola -contestó, todavía un poco molesta.
Compré los cerillos y ella sacó un cigarro de su chamarra. Inmediatamente prendí un cerillo para su cigarro. Me quedé como en shock... me estaba causando una obseción tremenda.
-Gracias... cómo te llamas? me dijiste...?
-Abel -Contesté. -Ya me voy a mi casa, nos vemos....
-Sí, vámonos -me interrumpió.
La tienda está a media cuadra del edificio, y no dijimos nada rumbo a él.
-Perdón que gritaramos tanto mientras subían -dijo- seguro todos nos oyeron.
-No creo... tal vez sólo los 6 primeros pisos- contesté tratando de hacerme el gracioso.
Sonrió meditabunda.
-Ella es tu esposa me imagino -vaciló un instante y continuó- es guapa.
-Gracias
-No debería dejar que anduvieras solo por la calle. Te vayan a robar - y sonrió de nuevo, pero maliciosamente.
Llegamos al piso de su departamento y se despidió sin voltear a verme y sin esperar respuesta.
-Oye -y cómo me arrepentí después de decirlo- si tienes algún problema... o algo... con confianza, eh?
-Gracias Abel. Me agrada escuchar eso. A veces hace falta alguien que te escuche sin sentirse dueño de ti.

