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Tenía yo una semana para prepararme para la fiesta. ¿Qué le iba a decir a mi mujer?, ¿Cómo podríamos guardarlo en secreto? y lo que mas me preocupara era sin duda que algo pasaría. Nos besariamos al menos. Y conforme se acercaba el día, me iba poniendo más nervioso y dudaba acerca de ir o no. Incluso no sabia si ella iría también.
Faltaban dos dos días para la fiesta. Yo habia estado paseandome por su departamento para encontrarla pero fue inutil. Hable con un amigo de la secundaria, que por cierto, tenia como 1 año de no hablarle y le pedi que me cubriera. No era mi gran amigo, pero era bien cabrón, el cabrón, así que no tuvo problema en decirme que no.
Un día antes, despues de que mi esposa se fuera a trabajar, subi por mi chamarra y mis cosas para irme también, cuando por las escaleras vi que Adriana salía del edificio. Corri abajo las escaleras hasta que la alcancé y le pregunté si seguía en pie la oferta.
-Ya te arrepentiste- me dijo
-No, sólo pregunto para saber si no te arrepentiste tú
-Nos vemos en el parque Juarez a las 9 de la noche, frente a la estatua de Benito
-Perfecto, ahí nos vemos- contesté y me despedí rápidamente.
¿Perfecto? ¡Era lo peor que me podía pasar!
¡Mi esposa trabaja enfrente del parque! Ok, sale a las 7 de trabajar, pero hay gente que se queda en la oficina, y el riesgo de encontrarse con un desconocido existía, tal vez no era muy alto, pero existía.
No podía echarme para atrás, era la oportunidad perfecta para ver a Adriana sin tapujos y darme cuenta si era capaz de hacerlo. Engañar a mi esposa no era el tipo de cosas que normalmente haría. No me sentia orgulloso, me sentía pendejo por otra.
Le comenté a mi mujer que saldría con unos "viejos" amigos, entre los que estaba mi amigo de la secundaria. Hizo como si se acordara, aunque no lo hiciera y me dijo que se alegraba porque mantuviera mis amistades. Cuantas personas dejan de frecuentar a sus amigos y conocidos por el trabajo, la familia, y lo frustrante que es después darse cuenta que no hiciste nada por seguirles la pista.
Era el día. Viernes, 8 de la noche.
Sali de casa una hora antes, según yo, para que nadie siquiera sospechara algo.
Faltaban sólo 10 minutos para las nueve. Estaba sentado en una banca del parque detrás de la estatua de Juárez. El corazón estaba a punto se brincarme del pecho, y tres cigarros no me habían calmado en lo absoluto.
9:10... se arrepentirá... lo sé, lo presiento...
9:30... ya se fue todo al carajo, voy a tomarme una cerveza y a largarme a mi casa.
Dos minutos más tarde, un bettle verde se paraba enfrente del parque. Manejaba un hombre y una mujer de copiloto. La puerta trasera se abrió y bajó Adriana, hermosa, perfecta. Una falta amarilla y una blusa muy ceñida al cuerpo, escotada sin mangas. Me saludó con un beso en la mejilla y me pidió perdón por llegar tarde.
-No te preocupes- dije, con cara de idiota, sorprendido de ver a una mujer así
-Mi amiga se tardó demasiado porque se peleó con su novio, pero ya hicieron las pases... la fiesta será en casa de él. ¿Nos vamos?
-Ajá, vámonos.
Me tomó de la mano y nos dirigimos al coche. Volteaba la cabeza para ver si alguien nos veía. Al parecer nadie, salvo el indito de Güelatao.


Salagaver dijo
mm ya we ya cuenta lo demás jajaja
15 Febrero 2006 | 04:38 AM