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Mi hermano me recomendo con el casero de un viejo pero remodelado edificio muy cerca del centro de la ciudad de Puebla.
Hasta ese momento, habíamos vivido en un Infonavit, y cambiarse a un departamento casi tres veces más grande de la miniatura de casa donde vivíamos mi esposa y yo, era un gran paso hacia adelante.
Claro, no iba a ser sencillo, pero habíamos ya agarrado un ritmo de trabajo duro y teníamos que redoblar esfuerzos, pero iba a ser para bien.
Fuimos a verlo y nos pareció muy bien. Aunque el casero es muy especial por lo que me dijo mi hermano, pudimos convencerlo de que no le causariamos problemas y pagaríamos la renta puntualmente.
Todo era emoción. A la semana siguiente tenía ya el dinero de del depósito y la renta adelantada que nos había pedido. Inmediatamente se lo llevé y al día siguiente ya nos estábamos mudando.
Mi esposa nos iba diciendo cómo y dónde queria acomodar los muebles y entre un primo, mi hermano y yo hacíamos la talacha.
En la noche celebramos con tacos árabes y un cartón de cervezas.
Al día siguiente mi esposa se fue a trabajar (trabaja en un banco) y como era sábado y yo no tenía que hacer nada hasta la tarde, me quedé a terminar de acomodar las cosas.
Encendí la televición y no se veía ningún canal. No tenía antena.
Fui a comprar una, al fin y al cabo por ahí hay varios negocios de todo tipo y no iba a ser problema encontrar una. Hasta robadas encontraría.
La compré y subí a la azotea a colocarla, echando el cable por fuera del edificio para que entrara por la ventana de nuestra sala, ubicada en el 5 piso.
Encontré el lugar perfecto para colocarla. La atornillé a un tubo de donde se fijaba una malla que cubría la azotea. Del otro lado de ella había una muchacha de no más de veinte años que estaba tendiendo ropa. Delgada, con un short que mostraba sus piernas y una playera de bugs buny que la hacía ver muy sexy, a pesar de dejar todo lo demás a la imaginación.
Estaba acabando de ponermi antena cuando vi que se me acercaba.
-Hola- dijo ella.
-Hola.
-No alcanzo a bajar un pantalón de mi esposo que se quedó colgado en el tendedero del fondo y está más arriba que los demás.
-Claro- le contesté casi sin pensarlo.
Fuimos al lugar y bajé el pantalón sin ningún problema.
-¿Eres nuevo en el edificio?-preguntó
-Sí. Mi esposa y yo nos acabámos de mudar ayer.
-Ah, eres casado. Es una lástima- dijo sonriendo con una cara de inocencia y maldad a la vez
Yo reí nervioso, como si fuera una broma de mal gusto y me sintiera obligado a contestarla.
-Muchas gracias, eres muy amable.- y me extendió la mano sonriendo enseñandome los dientes y poniéndose de puntitas - me llamo Adriana.
-Abel, mucho gusto.
-Adiós Abel, el gusto va a ser mío.
Y bajó las escaleras dejándome con mi estúpida sonrisa y mi antena a punto de ser instalada.

